Navegant per internet vaig anar a parar a un article de Javier Couso, el germà d’aquell periodista de TeleCinco assassinat a l’Iraq, ara ja fa quatre anys. Després de llegir-lo vaig decidir que volia reproduir part de l’article al meu blog, perquè és tan cert i tan dramàtic el que diu, que paga la pena aturar-nos uns segons per pensar-hi.
A l’article, Javier Couso comenta que una possibilitat que tenim per lluitar contra les polítiques de dominació d’un país sobre un altre, és ser conscients dels efectes reals que cada dia, a molts llocs del món, produeixen les agressions militars, amb la connivència dels grans mitjans de comunicació que intenten reduir la vida a fredes xifres que ens insensibilitzen.
Els paràgrafs que reprodueixo -la part final de l’article- fan referència a què els morts a Iraq en quatre anys arriben a més de 650.000 persones (2,5% de la població). A Palestina, només l’any 2006, l’exercit israelí va matar 683 palestins.
L’article es diu Estadísticas de la muerte cotidiana. El podeu llegir sencer aquí .
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Cuando pienso en José, pienso en cuestiones normales, acontecimientos cotidianos como sonreír, charlar, preparar un café, tomar una cerveza, comentar un problema, discutir, estar de acuerdo, disentir, veranear, celebrar, llamarse por teléfono…..sucesos ordinarios que hacen que la vida sea vida, una corriente que discurre como un río desde el nacimiento hasta la muerte. Esos son detalles de los que no nos damos cuenta hasta que desaparecen bruscamente; son, al fin, la esencia de la existencia.
Y es lo mismo para las 654.965 sonrisas, charlas o amores que se han extinguido en Iraq, para los 683 desayunos, celebraciones o susurros que ya no están en Palestina o para los cientos de miles de paseos, visitas, cuitas, perdones o gritos que ya no verán más amaneceres en cualquier lugar de la tierra donde estos ejércitos imperiales actúan. Podríamos seguir relatando casos sucedidos a lo largo y ancho del mundo, pero he querido centrarme en el área donde fue asesinado mi hermano y trasladar al papel lo que tanto mi familia como yo sentimos. Lo que se esconde tras esas cifras. Lo que ocultan tras los decorados construidos con números.
Entender esto, saber que nuestro familiar fue asesinado en medio de una de las múltiples agresiones en la zona, que sus sonrisas, sus palabras, sus besos o sus abrazos son los mismos que los de Hassam, Imán, Houmad o Nawfal fue lo que nos hizo abandonar el luto llorado en la intimidad de nuestra casa, para salir a exigir justicia, no solo para nuestra sonrisa sino para las de los demás.
Es así, trasladándolo a la realidad cotidiana, imaginando cómo sería soportar un día a día con miles de vecinos o familiares asesinados en nuestras ciudades, como podemos romper con la lógica de quien quiere números en vez de vidas, cifras en vez de sonrisas y realidades modeladas para pasar de puntillas ante este genocidio permanente.
Estadísticas de la muerte cotidiana. Por Javier Couso. 8 de Marzo de 2007.